Después de pasarme dos meses largos mirando blogs, tutoriales y vídeos, el sábado me decido y me voy al centro a comprar unas cuantas pastillas de
arcilla polimérica y algún accesorio básico para probar el material sin demasiado desembolso. Ayer me pongo al tema y, disfrutando como una niña chica (este material se trabaja como una plastilina), hago un montón de cosas basándome en un vídeo de
Silvia Mijangos. Para probar la temperatura del horno, no compré el termómetro, pongo a hornear una pieza. ¡Bien!, sale estupendamente, la dejo enfriar y veo que ha endurecido, que no se ha tostado, los colores están como deben, etc. Empiezo a entusiasmarme.
Pongo un montón de piezas más en el horno y lo mismo.
Ya me entusiasmo del todo y me pongo a hacer otras piezas ya más grandes y elaboradas, las meto en el horno y a los 10 minutos empieza a formarse una humareda espantosa (y apestosa). Miro el horno y veo que está todo deformado y achicharrado. Menudo bajón. Mirad qué desastre:
¿Que no lo parece? Pues mirad el otro lado:
Los colores eran preciosos, coral, perla natural y rojo perlado y ahora parecen salchichón de Vic
En cuanto que se me pase el enfado puliré y montaré las otras piezas. Brrrrrrr

¡¡No te preocupes!!. Eso le pasa a todo el mundo en un momento dado... Tú insiste, que con la práctica, todo se consigue. Las primeras piezas te han salido preciosas, piensa en eso!!!. Besos
ResponderEliminarGracias Vabim por tus ánimos. Insistiré, porque además me encanta el material.
ResponderEliminarCuanto lo siento, pero me ha hecho tanta gracia leer como contabas el desestre!!!! Como dice Vabim, piensa que las primeras te salieron genial y hay que seguir probando. Estoy deseando ver el resultado final. Seguro que nos sorprendes.Bs
ResponderEliminarDesde luego, Ada, hay que tomarse la vida con humor.
ResponderEliminarBesitos.